Enfermades modernas – Nomofobia

CellPhones

Conocemos como “nomofobia” a una enfermedad relativamente moderna y de crecimiento exponencial que afecta a la psique y cuyo crecimiento en nuestra sociedad es exponencial. Podría definirse como un miedo irracional a vivir sin un objeto considerado esencial hoy en día: el teléfono móvil.

Unos años atrás aparecieron los primeros móviles, cuyo uso estaba limitado a hombres y mujeres de negocios, a los que se empezaron a ver en las calles llevando unos aparatos del tamaño de un ladrillo, el cual desenfundaban como si de un revolver del antiguo oeste se tratara. Era algo curioso de ver, y muy impresionante el hecho de poder hablar por teléfono sin estar enchufado, y ahora, al verlo en ciertas películas ambientadas en esos años,  no deja de causarme cierta gracia ver esos modelos tan grandes con una antena que se tenía que desplegar para poder usarlos, es como ver a alguien hablando con un viejo transistor de radio.

Yo personalmente soy de una generación que ha crecido al mismo tiempo que la tecnología móvil, y la verdad es que se hace difícil imaginar que en otro tiempo hubiese sido diferente. Aún yo mismo, cuando me compraron mi primer móvil, que me parecía tan extraordinario, si lo comparo con los que están disponibles hoy en día se podría considerar un fósil. Y yo que pensaba que era tan “guay”.

Los móviles de hoy en día, que “todo el mundo tiene o quiere conseguir”, además de lo básico, y a veces lo menos utilizado, te abren la puerta a mensajería instantánea y a  navegación por internet sin límites.

Bueno, después de esta breve introducción vamos al asunto que quiero tratar, la nomofobia, con lo que empecé. Las personas nomofóbicas son fácilmente identificables por varios rasgos, todos ellos obvios aunque siempre lo van a negar,  cual alcohólico, fumador o drogadicto que insiste en que no está realmente enganchado, que puede controlarlo, que puede dejarlo cuando quiera, solo que no quiere.

Where'sMyCellPhone

El primer y más notable rasgo de este problema es la manía o incluso vicio podría llamarse de llevarse la mano constantemente al bolsillo para comprobar si tiene un nuevo mensaje. Se diría que se está cuidando de una mascota, a la que si no vigila constantemente, podría morir. Eso es especialmente frustrante cuando la susodicha persona habla contigo, ya que antepone la conversación  telefónica a la tuya. Ya sea su mejor amigo, pareja o algún familiar con quien esté hablando en persona, siempre le parecerá más importante la conversación no presencial, lo que el móvil tiene para decirle. Incluso si es su peor enemigo con quien se manda mensajes, siempre preferirá eso a hablarte directamente.

Acerca de esta característica del nomofóbico tengo una historia que contar, y es que debido a que la ventana de la habitación en la que suelo estudiar da a una plaza que, ya sea por diversas condiciones climáticas o por cobertura singular, es lugar de reunión de bastantes jóvenes, entre los doce y diecisiete años de edad. Algunas veces, hastiado de estudiar, me dedico a mirar por la ventana para relajar un poco la vista y despejar la cabeza. No hay día en el que, al asomarme, no haya un grupo de muchachos, contándose unos a otros sus ocurrencias o penas. Y, no hay día en el que no haya por lo menos un chico en el grupo con el móvil constantemente en la mano, mirándolo sin reposo. Y los que no, cada veinte segundos lanzan su mano al bolsillo en busca de su tesoro, cual asmático en busca del inhalador que le garantiza seguir con vida. Me recuerdan a Gollum, que constantemente acaricia el anillo y repite “mi tesoro, mi tesoro,” aun porque hasta adquieren esa posición algo encorvada mientras lo contemplan.

Antes describía cómo los nomofóbicos actúan al estar en grupo, a continuación procederé a explicar cómo actúan estos al caminar por la calle. Depende de la hora que sea, pero si son horas de movimiento, puedo garantizar que si te asomas a la ventana (siempre y cuando vivas en una calle medianamente concurrida) te encontrarás con al menos una persona con el móvil en la mano, caminando con la vista fija en la pantalla como si de un GPS se tratase. Parece que esté siguiendo un mapa, unas instrucciones de vida o muerte o quién sabe qué cosa que si no se enteran, podría provocar toda clase de desastres, que el mundo dejara de girar,  la Tercera Guerra Mundial, etc. Incluso el más hábil de los conductores se habrá llevado un susto al ir conduciendo y ver como de la nada salen un joven pegado a su teléfono. Este rasgo es tal vez el más peligroso, ya que el ensimismamiento que tienen algunos con el teléfono es tan grande que no son conscientes de las cosas que ocurren a su alrededor.

Otro rasgo bastante generalizado, pero no tan notable, es que gracias a la facilidad que dicen tener para estar en contacto con sus amigos mediante el uso del móvil, pueden llegar a olvidarse de los amigos que no lo tienen. Sobre esto, vi un reportaje, en el que un chico afirmaba que se comunicaba constantemente con sus amigos a través de las redes sociales a las que accedía con su móvil y había dejado de lado a algunos amigos que no tenían móvil de última generación, por lo que no tenía la posibilidad de ponerse en contacto con ellos a través de la red, y que le aburría utilizar el teléfono convencional o el móvil simplemente como teléfono. A su vez, aseguraba no importarle, porque al tener una conversación inalámbrica prácticamente constante con sus amigos que sí tenían este tipo de aparato, consideraba más fuertes esas amistades; aunque en mi humilde opinión los amigos que ha perdido ese muchacho tampoco han perdido mucho, porque cerebro, no parece tener demasiado. Tal vez tenga encantos ocultos que no pudo mostrar a la cámara.

Y, yo me pregunto ¿qué hace más fuerte entonces una amistad? ¿El tipo de persona que eres o el tipo de móvil que tienes?

En el reportaje mencionado anteriormente, el mismo joven afirmaba que, a lo largo del día, sacaba conscientemente el móvil del bolsillo algo más de veinte veces para entrar en Facebook, Twitter u otras redes sociales y comprobar si tenía algo nuevo. A esto hay que añadirle las veces que saca el móvil por vicio, tan sólo para observar si tenía un aviso de mensaje en la pantalla. Suponiendo que dicho joven pasase 8 horas durmiendo, otras 8 en el trabajo y una hora entre todas las comidas, significa que sacaba el móvil alrededor de 2,85 veces por hora, que redondeando, sería una vez cada veinte minutos, sólo de manera consciente, habría que añadir las que lo hace inconscientemente. ¡Qué nervios estar a su lado!

Hay otro rasgo que tan sólo se da en unos pocos, los más cultos o curiosos, que siempre andan en pos de la información. Aunque podría ser considerado el menos incorrecto, es también extremadamente molesto. Esto se da en ocasiones en las que, por ejemplo, estás hablando de cine, riendo y compartiendo los pormenores de cualquier película o serie de televisión, y  mencionas a cierto actor, y tu amigo, cual “Billy  el niño, el pistolero más rápido del lejano Oeste, saca velozmente el móvil del bolsillo, y segundos después comienza a leerte la fecha de nacimiento, trayectoria profesional y vida privada del autor, con lo que la gracia que tenía la conversación se pierde, porque en medio de su “búsqueda” te ha ignorado completamente y te ha dejado con la palabra en la boca. Casi da miedo mencionar cualquier cosa, es como ir con una enciclopedia andante que te puede atacar a la menor ocasión. O si dices que mañana va a llover, saca el móvil y te dice el tiempo de aquí a dos semanas, la temperatura media, velocidad del viento…cosas que no vienen a cuento, no te interesan o simplemente cortan el hilo de la conversación, aunque eso sí, te vas informado.

En fin, son muchos los que hoy en día, lo admitan o no, están afectados por esta extraña enfermedad. Y lo más triste es que la gran mayoría de las personas, por no decir la totalidad de la gente, no lo admite, aun afirmando que sin él no podrían vivir, de alguna forma ha pasado a ser parte de su vida cotidiana y les parece que esto es lo normal.

No sabemos hasta qué punto la tecnología avanzará, y yo estoy seguro que lo hará y mucho, porque hasta ahora, cuando creíamos que ya estaba todo inventando nos sorprenden con nuevos avances, mi conclusión a todo esto es que debemos ser muy sabios, usar la tecnología actual y la que está por venir con sabiduría, haciendo buen uso de ella, no perdiendo el norte y manteniendo el control de lo que usamos y tenemos a nuestro alcance, es decir, no dejando que maneje nuestros pensamientos, nuestras aficiones, nuestras relaciones, nuestras ilusiones, etc., en fin, aprovecharnos de ella  y seguir disfrutando la vida, sin olvidar nunca que las personas son más importantes que las cosas, y todo esto que nos trae la tecnología no dejan de ser “cosas” que hoy nos pueden parecer muy importantes e incluso imprescindibles, como los juguetes que los niños quieren y piden en Reyes, y que al fin dejan olvidados en un rincón cuando tienen un amigo con el que jugar usando simplemente agua y tierra. Lo mismo ocurre con estos aparatos que mañana serán sustituidos por otros más atractivos, que después de un tiempo también dejarán de serlo y pasarán a la historia, porque esto no acaba con lo que tenemos hoy, mañana será otra cosa.

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Publicado el mayo 30, 2013 en Artículos de opinión y etiquetado en , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 8 comentarios.

  1. Me encanta! Tienes muchisima razon, la nomofobia esta mas extendida de lo que pensamos, solo hay que ver la rapidez con la que he leido esta entrada!!!! 😉

  2. Interesantísima entrada, y además tienes toda la razón. ¡Enhorabuena! 😉

  3. Excelente!!! Y cuánta razón tienes!! Lástima que no hay más personas conscientes de ellos. Ojalá sirva para que la gente pueda reaccionar y. Poner remedio.

  4. Genial entrada Sam. La gente debería darse cuenta de su enfermedad y ponerle límite, por desgracia eso es demasiado complicado para la mente y el ansia de coger un móvil.

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